Coahuila, resultados y lecciones: Alejandro Barrera
La barrida priista en Coahuila confirma que el norte vota resultados, no discursos: cuatro lecciones para los partidos rumbo a 2027.
El domingo 7 de junio se llevaron a cabo elecciones estatales en Coahuila, donde se eligieron 16 diputados de mayoría relativa y 9 por representación proporcional, siendo una segunda prueba para el cambio generacional en la dirigencia nacional de Morena.
La elección ha brindado varias sorpresas, siendo la más grande la del avasallador triunfo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al llevarse los 16 distritos disputados en alianza con el partido local Unidad Democrática de Coahuila (UDC), derrotando a su rival más cercano, Morena y el Partido del Trabajo (PT), con una proporción de 3 a 1, siendo la segunda derrota “consecutiva” en elecciones estatales desde que Andrés Manuel López Beltrán asumiera la Secretaría de Organización de Morena y la primera derrota para Ariadna Montiel, quien asumió la presidencia nacional del partido a la salida de Luisa María Alcalde.
También es la segunda vez que Morena recibe un revés por parte de un estado del norte del país, ya que el pasado mes de mayo, Morena fracasó en su intentona de desestabilizar al estado de Chihuahua llevando acarreados al Estado Grande, disfrazándolos de manifestantes contra el gobierno de Maru Campos y su supuesta colaboración con agencias de inteligencia estadounidenses.
Independientemente de los comentarios que tenga Morena con respecto a esta jornada electoral —desde su clásico grito de fraude, decir que el PRI nada más retuvo y no avanzó o que la derrota es insignificante porque Coahuila representa el 2% de la población del país— se desprenden las siguientes lecciones:
1.- Nuevamente, la denominada Cuarta Transformación no entiende el pensamiento de trabajo, autorrealización y autonomía respecto al Estado que impera en la mayoría del norte del país, donde los programas electoreros disfrazados de programas sociales no son ni una garantía ni un grillete que ate el voto a un partido político y menos si los resultados son peores de los que se tienen con el partido que hoy gobierna, siendo, en este caso, el PRI.
2.- Tampoco ha entendido Morena que el discurso de hartazgo por gobiernos anteriores ha caducado al ellos comenzar a gobernar en la mayoría del país, lo que ha provocado que la gente de otros estados tenga antecedentes de gobiernos morenistas y compare con su realidad local si es o no conveniente votar por la Cuarta Transformación.
3.- La política no es un simple péndulo de filias y fobias, donde el rechazo al PRI o al PAN (en el caso de Chihuahua) no implica que la población se volcará en masa hacia Morena y viceversa, que el rechazo a Morena o al PRI convierte al votante en un fervoroso panista o emecista (ambos obtuvieron menos del 3% de los sufragios, teniendo menos votos incluso que los partidos locales).
4.- La política local es la clave para ganar a nivel nacional. Si bien el PRI es el partido político con peor reputación en el país, Manolo Jiménez, gobernador del estado emanado de sus filas, ha presentado resultados tangibles en materia de empleo y seguridad, convirtiendo a su estado en un oasis de crecimiento y gobernabilidad en una región que ha presentado graves problemas de seguridad, especialmente de crimen organizado.
Estas son las lecciones que el liderazgo nacional de los diferentes partidos (especialmente de oposición) debe aprender y aquilatar si busca reposicionarse y/o avanzar en el mapa electoral del país de cara a las elecciones de 2027, que son el banderazo de salida para la elección presidencial de 2030.
También existe una lección importante que se debe aprender y aquilatar: ningún movimiento político es invencible, y el poder no es ni eterno, ni infinito, ni tampoco lo ejerce ni lo posee el presidente (o expresidente) en turno; el poder lo ejerce la ciudadanía, y la ciudadanía lo primero que exige son resultados, resultados que únicamente pueden ser tangibles, y no nada más meros discursos mañaneros dictados desde un rancho en Palenque.



