El México que fuimos durante 24 días
Del 11 de junio al 5 de julio, por primera vez en muchísimos años, vimos un país unido, alegre y con esperanzas. Durante 24 días, México fue otro.
Después de la eliminación de México, he visto muchos edits en redes sociales llenos de nostalgia. Mujeres y hombres de todas las edades ,algunos ni siquiera tan futboleros, totalmente melancólicos porque el Mundial se acabó para nuestra selección, recordando cómo durante casi cuatro semanas vivieron una auténtica fiesta, donde hicieron amigos, se abrazaron con desconocidos y vieron a todo el país unido por una causa.
Y creo que, más allá de la derrota contra Inglaterra, que sí fue dolorosa, el más grande dolor de millones de mexicanos es que no sabemos cuándo volveremos a ver un México así. Ni siquiera sabemos si volverá a suceder. Porque al menos por 24 días, no importaron las clases sociales, la ideología política ni la religión. Todo el país estaba unido, extasiado y creando momentos que se quedarán para toda la vida.
Un solo motivo bastó
El “quiere volar”, las hileras de vasos, las peleas de conos, el “¿Y si sí?”. El abrazo a desconocidos, el estar reunidos por una misma causa, nos hizo darnos cuenta de que falta un solo motivo para que este país tan dividido pueda unirse.
En lo personal, nunca había visto al país tan unido y alegre.
Eso es lo que verdaderamente ha puesto triste a millones de mexicanos.
Porque en un país urgido de alegrías, donde la muerte, la violencia y la confrontación son noticias de todos los días y a todas horas, vivir cuatro semanas de alegría es un verdadero milagro.
El milagro no borra la realidad
Ojo. No digo que el país haya estado bien durante un mes, porque durante el Mundial continuaron las desapariciones, la erosión del Estado de derecho, el desgaste institucional y la corrupción gubernamental. Por eso, con más razón, este verano fue inolvidable para muchos: porque a pesar de los enormes pesares del país, vivimos una experiencia maravillosa.
La lección que no debemos olvidar
Si este Mundial nos dejó una lección, es que los mexicanos sí podemos estar unidos, que somos más los buenos, que somos lo suficientemente organizados y creativos para apoyar una causa. Ojalá no nos haga falta otro Mundial para recordarlo.
Ojalá en los próximos meses y años conservemos parte de esa unión y esa organización: para elegir mejores gobernantes, exigir un mejor país y mandar al diablo a los políticos que viven de confrontarnos entre nosotros.
Aprovecho para mandar un sentido pésame a las familias de quienes perdieron la vida en la avalancha humana que se vivió en Paseo de la Reforma durante las celebraciones de la victoria de México ante Ecuador. Que Dios les dé pronta resignación.




