El principio del fin: Alejandro Barrera
La entrega de exfuncionarios de Sinaloa, la protección de Rocha Moya y una megamarcha fallida exhiben el desgaste del oficialismo y el principio de su declive.
Desde que el Departamento de Justicia del Distrito Sur de Nueva York solicitara la detención y extradición del hoy gobernador de Sinaloa con licencia Rubén Rocha Moya y funcionarios y exfuncionarios de gobierno, el discurso del oficialismo ha sido el de subestimar y desafiar a las autoridades del país americano solicitando pruebas para iniciar el proceso de extradición, aunado a exacerbar la polarización por medio del discurso en defensa de la soberanía nacional en un intento por proteger a los narcopolíticos emanados de sus filas.
Como si fuera una ironía del destino, las pruebas se presentaron en Estados Unidos. El pasado viernes el exsecretario de finanzas de Sinaloa Enrique Díaz Vega y el exsecretario de seguridad del estado Gerardo Mérida se entregaron a las autoridades de Estados Unidos. Cabe resaltar que Gerardo Mérida se amparó para no ser extraditado.
Con la detención de estos exfuncionarios, el régimen se ha quedado desarmado no sólo por los discursos que confunden soberanía con defensa de narcotraficantes, sino por la falta de pruebas en contra del gobernador Rocha Moya y otros miembros del gobierno. También se empieza a quedar sin el mayor de sus discursos: el de la superioridad moral.
Cabe recordar que Morena llegó al poder a través de la crítica a los privilegios, la corrupción y la podredumbre moralque impera en la vida pública de México, discurso que ha mantenido inclusive cayendo en contradicciones, como defender lujos y derroche de los hijos del expresidente López Obrador o justificar la violación sistemática de las leyes.
Con el fin de mitigar la atención hacia este desastre, Morena decidió cargar contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, por el incidente de agentes de la CIA involucrados en un operativo para desmantelar un laboratorio clandestino, donde estos agentes murieron en un accidente carretero.
Casi un mes (lo mismo que ha durado el escándalo del narcogobernador de Sinaloa), se han dedicado la presidente y sus esbirros a atacarla mediáticamente, llegando inclusive a organizar una megamarcha para “defender la soberanía” y exigir la destitución de la gobernadora.
Entre acarreados de otros estados que no sabían a qué iban, bloqueos de locales para evitarles el paso, admisión cínica de haber pagado dinero a los asistentes y la llegada de 2 mil personas contra los 200 mil esperados, la manifestación ha sido el primer desastre por parte de la Cuarta Transformación en materia de acarreo e inflar marchas en favor suyo.
Definitivamente estamos viendo el inicio del fin de Morena y el movimiento que representa debido a sus propios vicios y vorágine de poder de sus liderazgos, algo que se veía venir, pero no tan pronto, al grado de que la oposición política sigue paralizada y acéfala, dejando a la ciudadanía sin más remedio que la autodefensa.



