Política y verdad ilusoria: el impacto de la repetición en la ciudadanía | Perla Sosa
Repetir no es demostrar: cómo la insistencia —en la política y en las redes— fabrica certezas, y por qué la mejor defensa es una ciudadanía que verifica.
Existe un fenómeno ampliamente estudiado por la psicología cognitiva, conocido como efecto de verdad ilusoria, que describe la tendencia de las personas a considerar más creíbles las afirmaciones que escuchan repetidamente. La razón no es que la información haya sido comprobada, sino que la familiaridad genera una sensación de confianza. Cuando una idea se vuelve conocida, el cerebro la procesa con mayor facilidad y puede interpretarla erróneamente como verdadera.
En la política, este mecanismo adquiere una enorme relevancia. Gobiernos, partidos y actores políticos suelen repetir de manera constante determinadas narrativas, consignas o acusaciones con el objetivo de instalar una percepción en la opinión pública. Con el tiempo, la repetición puede hacer que una afirmación sea aceptada por amplios sectores de la población, incluso cuando carece de evidencia suficiente o ha sido desmentida por fuentes confiables.
Las redes sociales han amplificado este fenómeno de una manera sin precedentes. Un mensaje político puede ser replicado miles de veces por simpatizantes, influencers, medios afines y cuentas automatizadas, generando la impresión de que existe un consenso generalizado. La ciudadanía queda expuesta a la misma idea desde múltiples canales, lo que fortalece la sensación de familiaridad y aumenta la probabilidad de que sea considerada cierta.
Las consecuencias para la vida democrática son profundas, ya que cuando la repetición pesa más que los hechos, el debate público se empobrece y las decisiones ciudadanas pueden basarse en percepciones distorsionadas de la realidad. Esto favorece la polarización y dificulta la construcción de acuerdos sobre problemas comunes que requieren soluciones fundamentadas en evidencia.
La mejor defensa frente a la verdad ilusoria es una ciudadanía crítica e informada. En una época en la que la información circula a gran velocidad, no basta con escuchar una afirmación muchas veces para asumir que es cierta. La responsabilidad democrática exige verificar, contrastar fuentes y cuestionar incluso aquellos mensajes que coinciden con nuestras propias creencias. La salud democrática de una sociedad depende, en gran medida, de su capacidad para distinguir entre lo que se repite y lo que realmente es verdad.
Referencias
Influencia: la psicología de la persuasión. Cialdini, R. B. (2016). Barcelona: Debolsillo.
Psicología social. Myers, D. G. (2017). México: McGraw-Hill Education.





Muy bien. Siempre tenemos que formarnos un criterio propio y buscar toda la información disponible. Muy buena columna como siempre