Redes sociales, política y posverdad: una nueva forma de influir en los ciudadanos: Perla Sosa
Cuando las emociones pesan más que los hechos, las plataformas digitales no solo informan: moldean lo que creemos verdadero y erosionan el debate democrático.
La posverdad es un fenómeno social y político en el que las emociones, las creencias personales y la identidad de grupo tienen más peso que los hechos verificables al momento de formar opiniones. En este contexto, la verdad objetiva pierde relevancia frente a narrativas que resultan emocionalmente atractivas o que refuerzan las convicciones previas de las personas. Aunque la manipulación de la información ha existido a lo largo de la historia, la velocidad y el alcance de las tecnologías digitales han amplificado el impacto de la posverdad en la vida pública.
Uno de los principales efectos de la posverdad en los ciudadanos es la dificultad para distinguir entre información basada en evidencia y contenidos diseñados para influir emocionalmente. Las redes sociales permiten que mensajes simplificados, impactantes o polémicos se difundan con rapidez, independientemente de su veracidad. Como consecuencia, muchas personas terminan tomando posiciones sobre temas importantes sin haber contrastado las fuentes o analizado críticamente la información recibida.
La posverdad también contribuye a la polarización social. Cuando los individuos consumen principalmente información que confirma sus creencias, tienden a reforzar sus opiniones y a desconfiar de quienes piensan diferente. En estas condiciones, el diálogo democrático se vuelve más difícil y la búsqueda de consensos se debilita.
Otro efecto importante es la desconfianza que se genera, ya que cuando circulan constantemente mensajes contradictorios o engañosos, los ciudadanos pueden desarrollar desconfianza hacia las instituciones, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil. Esta situación puede derivar en apatía política, ya que algunas personas sienten que resulta imposible conocer la verdad o influir positivamente en la realidad social.
Frente a este escenario, la educación crítica adquiere una importancia fundamental. Los ciudadanos necesitan desarrollar habilidades para verificar fuentes, identificar sesgos, reconocer estrategias de manipulación emocional y evaluar la calidad de la información que consumen. Una sociedad capaz de analizar críticamente los mensajes que recibe está mejor preparada para enfrentar los desafíos de la desinformación y fortalecer la participación democrática.
Como reflexión final, conviene preguntarse: ¿qué tan frecuentemente verificamos la información antes de compartirla?, ¿somos capaces de cambiar de opinión cuando la evidencia contradice nuestras creencias?, ¿hasta qué punto nuestras emociones influyen en nuestras decisiones políticas y sociales? En una época marcada por la abundancia de información, el verdadero desafío quizá no sea acceder a los datos, sino desarrollar la capacidad de distinguir entre aquello que es cierto y aquello que simplemente queremos creer aunque la realidad sea otra.
Aparici, R., & García Marín, D. (2019). La posverdad: Una cartografía de los medios, las redes y la política. Gedisa.
McIntyre, L. (2018). Posverdad. Ediciones Cátedra.





Excelente como siempre.
😃
Muy buena columna, saludos.