Sheinbaum hará historia, será la primera jefa de Estado anfitriona en ausentarse de una inauguración mundialista: Arturo Villegas
Desde Brasil 1950 hasta Qatar 2022, ningún mandatario anfitrión había faltado a la ceremonia. Claudia Sheinbaum romperá esa racha —no por generosidad, sino por miedo.
El 11 de junio viviremos algo histórico: Claudia Sheinbaum hará historia ausentándose de la inauguración de la Copa del Mundo. Por primera vez en la historia del torneo, un mandatario anfitrión se ausentará del magno evento futbolístico.
Desde Eurico Gaspar Dutra en Brasil 1950 hasta Tamim bin Hamad Al Thani en Qatar 2022, absolutamente todos los jefes de Estado de países anfitriones habían acudido a la inauguración. Todos. Sin excepción. Hasta ahora.
El cuento de la niña pobre
La Presidente y los medios oficialistas —paleros, para ser exactos— intentan imponer la narrativa de que su ausencia obedece a un noble gesto: le regaló su boleto a una niña de escasos recursos. Una historia preciosa. Conmovedora. Y absolutamente falsa como pretexto.
Todo el que sepa aunque sea un gramo de política sabe que Claudia Sheinbaum tiene suficiente poder para conseguir mínimo 10 boletos en los mejores lugares del Estadio Azteca. El pretexto no aguanta el menor análisis. La narrativa se cae sola.
El síndrome del aplauso comprado
El trasfondo real es otro, y es que la Presidente —y en general el obradorismo— se acostumbraron tanto al público comprado y acarreado, que cuando están a la vista de ciudadanos críticos y no condicionados, generalmente termina en abucheos.
Le ha pasado a Noroña. A Brugada. A Rocha. Al mismo AMLO le sucedió en la inauguración del nuevo estadio de béisbol de los Diablos Rojos. El patrón es consistente y conocido.
Claudia sabe perfectamente que el público que estará en el Estadio Azteca no es el que va al Zócalo por mil pesos y una torta. No son los adultos mayores víctimas de la ignorancia y la carencia, transportados en camiones desde diferentes partes del país, que ni siquiera saben a qué van en los mítines. La gente que estará en ese estadio tiene un nivel académico y social que hace muy poco probable que sea afín a ella.
En redes sociales ya perdió por completo la conversación y la narrativa. Y no quiere que eso se traslade a un evento visto por TODO el mundo.
El contraste con Miguel de la Madrid
Es un acto tremendo de cobardía, y el contraste con lo ocurrido en México 86 es brutal. Miguel de la Madrid, a sabiendas de que su aprobación era baja y el enojo social era palpable y evidente, acudió a la inauguración mundialista. Y aguantó el abucheo. Firme. Sin esconderse.
Así deben ser los jefes de Estado: firmes ante el escrutinio público. Quien no lo hace no solamente es cobarde, es intolerante. Y si algo aprendió bien la Presidente de su mentor, fue precisamente eso: la intolerancia.
Lo que viene
Cada día será más frecuente que Claudia Sheinbaum no asista a eventos no gubernamentales donde el público no sea controlado y acarreado. La dependencia al aplauso comprado los ha convertido en víctimas de una falta de confianza y un temor más que evidentes.
Una presidenta que le teme a su propio pueblo no merece gobernar a su pueblo.
El golpe de gracia
Por cierto: en contraste con la ausencia de la Presidente, hay grandes posibilidades de que el empresario y líder libertario Ricardo Salinas Pliego acuda al magno evento. Lo que resultaría aún más perjudicial para la imagen pública de la Presidente, pues se trata de su principal opositor —y aquel por quien ya existe un evidente clamor popular para que encabece una candidatura presidencial en 2030.
Mientras la Presidenta se esconde, su némesis ocupará su lugar ante el mundo. La metáfora no puede ser más perfecta.





